Situaos por un momento en 1974, concretamente el 25 de marzo, en un hogar de Wilmington, Carolina del Norte, el de la anónima familia Jordan, integrada por los padres y sus cinco hijos, entre los que se encontraba el pequeño Michael, un niño de 11 años. Están viendo por la televisión la final del campeonato universitario de baloncesto que enfrenta a North Carolina State, entrenada por Norm Sloan, y a Marquette, dirigida por Al McGuire, disputada en el Greensboro Coliseum, en Carolina del Norte. Vence NCS por 76-64.
Parafraseando a Moncho Monsalve, siempre me he peguntado qué pasa por la cabeza de los jugadores en determinados momentos. Por ejemplo, cuando aún no se es jugador profesional, sino un niño que empieza a botar un balón, a lanzar a canasta, a soñar con llegar a ser uno de los ídolos que ves colgado en los posters de las paredes de tu habitación, cuando anhelas convertirte en ese modelo a seguir y … lo acabas imitando.
Pues eso, volviendo a aquella tarde de primavera del 74, me pregunto qué pasaría por la cabeza de aquel niño que luego se convertiría en el que muchos consideran el mejor jugador de la historia del baloncesto, icono de iconos, ídolo de ídolos. La respuesta a esa pregunta tiene un nombre: David Thompson.
A diferencia de Michael Jordan, que nació en Brooklyn aunque se criara en North Carolina, David Thompson sí nació en la tierra en la que fue estrella, en Shelby, Carolina del Norte, diez años antes que Jordan. Fue un jugador superlativo desde su etapa en la Crest Senior High School y ya no digamos nada de su época universitaria, en la “otra” universidad de Carolina del Norte, la North Carolina State Wolfpack, en contraposición de la mítica North Carolina Tar Heels de Dean Smith y en la que jugó Jordan.
Thompson fue un jugador adelantado a su época. Su apodo lo dice todo, Skywalker. Fue un atleta incomparable, con una capacidad de salto que dejaba helados a Bouncy Castle For Sale quienes lo veían. Se dice que su salto vertical alcanzaba las 48 pulgadas, el equivalente a 121.9 centímetros. Entre sus hazañas, se encuentra ser probablemente el primer jugador que hacía alley-oops, junto con su compañero Monte Towe, en jugada preparada por Norm Sloan para aprovechar las cualidades de Thompson.
En esa etapa universitaria fue tal su impacto que, además de recibir todos los galardones individuales que podían otorgársele, todavía se considera que es probablemente uno de los mejores jugadores de la historia de la Atlantic Coast Conference, en la que entre otras universidades se encuentran, además de las dos citadas de Carolina del Norte, Duke, Wake Forest (ambas también en Carolina del Norte), Maryland o Florida State, lo que incluiría a jugadores como Jordan, Worthy, Perkins, Duncan, Bias, Sampson, Hill, Paul o Laettner, entre otros. Fue además elegido en el mejor quinteto universitario de la década de los 70 y eso es mucho decir.
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Después de ganar el campeonato con su universidad (en la que retiraron lógicamente su número 44), decidió pasarse a profesionales. Fue elegido número uno de draft tanto en la NBA (por Atlanta Hawks) como en la ABA (por Denver Nuggets). No llegó a un acuerdo con los Hawks, por lo que se decidió por Denver. En esa temporada de rookie promedió 26 puntos, 6.3 rebotes, 3.7 asistencias, 1.6 robos y 1.2 tapones, siendo elegido rookie del año. Como carta de presentación no estuvo nada mal. Un momento grabado en la historia con letras de oro fue el concurso de mates celebrado precisamente en Denver en 1976, con la participación de Larry Kenon y George Gervin (por San Antonio Spurs), el gran Artis Gilmore (por Kentucky Colonels), la macroestrella de ABA en ese momento Julius Erving (por los New York Nets) y el rookie David Thompson (por los Nuggets de Denver). Visto ahora puede parecer poco, pero especialmente los mates de Thompson y el de Erving desde la línea de personal (que Jordan copió años más tarde) fueron impactantes en su momento. En el All Star Game también fue elegido MVP. Aquí os dejo la segunda parte del concurso, que es en la que ambos realizan sus mates:
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Al año siguiente, la ABA se disolvió y Thompson pasó a jugar en la NBA en la misma franquicia de Denver. Allí permaneció hasta la temporada 81/82. Fue cuatro veces All Star en la NBA, siendo MVP en el 79. Mantuvo un gran nivel anotador hasta la temporada 80/81, disputándole incluso a George Gervin en el 78 el título de máximo anotador de la temporada regular. En el último partido del año, llegó a anotar 73 puntos, pero Gervin metió 63, ganándole por unas décimas de promedio. Precisamente en ese año 78 firmó un gran contrato, cuatro millones de dólares con una duración de cinco años, el más alto en ese momento para cualquier jugador de baloncesto. En este vídeo podéis ver algunas de las jugadas que prueban qué tipo de jugador era Thompson:
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Sin embargo, fue el principio del fin. Empezó a abusar de las drogas y el alcohol, su rendimiento deportivo empezó a decrecer sensiblemente, su físico ya no era el de antes y, aunque todavía tenía unos números bastante buenos, no era el jugador arrollador de años anteriores. Cambió de equipo en la 82/83 marchándose a los Supersonics de Seattle, en los que estuvo dos años, pero ya nada volvió a ser igual. Tuvo una lesión de rodilla bastante grave, producida en la discoteca neoyorkina Studio 54, centro del lujo y desenfreno de unos años de excesos. Su retirada fue inevitable y prematura, con tan sólo 29 años. Intentó volver en el 85, pero no lo consiguió.
Fuera de la NBA siguió con sus problemas de adicción hasta que, a través de una encontrada y nueva fe cristiana, puso orden en su vida. Se reencontró a sí mismo en la ayuda a los jóvenes con problemas y en la formación integral de las personas a través del baloncesto. En 2003, volvió a matricularse en su vieja universidad para acabar sus estudios de Sociología y graduarse. Y antes, en 1996, fue elegido miembro del Hall of Fame con todos los honores.
Volviendo al principio, a ese niño llamado Michael Jordan, hay que recordar que siempre admitió que David fue su modelo a imitar. En este reportaje (que consta de seis partes) veréis mucho más de lo que os puedo contar aquí. La influencia de un jugador sobre toda una generación, de cómo capturó la imaginación de ese joven que años después marcaría una época, empezando por su universidad rival:
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En su autobiografía “For the love of the game”, Jordan afirma: “Construí mis talentos sobre los hombros de los talentos de algunos otros. Sin Julius Erving, David Thompson, Walter Davis o Elgin Baylor nunca habría habido un Michael Jordan. Evolucioné desde ellos”. La primera frase me recuerda a lo que le escribió Isaac Newton a Robert Hooke (aunque hay quien le atribuye la originalidad de la frase a Bernardo de Chartres) en una carta: “Si he visto más lejos, es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes”. Es un acto de justicia y gratitud.
Y la gratitud se paga con hechos. Cuando Jordan fue elegido miembro del Hall of Fame en septiembre de 2009, hubo de elegir a alguien que pronunciara el discurso que lo introdujera en tan selecto club. Podría haber sido su entrenador universitario y mentor, Dean Smith. O el entrenador que lo llevó a seis títulos de la NBA, Phil Jackson. Pero no, eligió a David Skywalker Thompson.
Reconozco que, al ser céltico de toda la vida, L. Bird es ese jugador al que me hubiera gustado parecerme (en el hipotético caso de que hubiera tenido talento para esto del basket) por múltiples razones. Y reconozco también que me costó bajarme de mitos como Magic y el mismo Bird para subirme al, para mí, mejor jugador de la historia: Michael Jordan.
Pero es cierto que todos tenemos referentes en algún ámbito, y claro, Jordan no pudo ser menos. De hecho, en algunos momentos David Skywalker Thompson es lo más parecido que he visto al amigo Jordan. Las diferencias de velocidad vienen dadas por la exigencia física a la que el deporte cada día exige más y mas, y aunque difícil, llegará alguien que tendrá como maestro a Jordan y le relevará como mejor jugador de la historia (no sé si esto lo veremos nosotros).
El concurso de mates es sencillamente espectacular, con esos mates de Julius y del mismo Thompson estratosféricos. La facilidad con la que se iba en las entradas no es otra cosa que la diferencia física que había entre él y sus rivales, aunando un primer paso (como Jordan) que le daba un segundo de ventaja sobre cualquiera.
Ahora solo me queda una duda. Visto por activa y por pasiva el logo de la zapatillas de Jordan y por ende de su carrera personal, como digo, me asiste una pregunta ¿De dónde sacaron el muñequito saltando?, porque viendo a Julius, Thompson y Jordan, os juro que no lo tengo nada claro. En mi opinión he visto hacer movimientos más parecidos a Julius o Thompson, que al mismísimo Jordan
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Vialegre, boquerón, un placer como siempre.
Estoy de acuerdo con Slum: esto del deporte suele tener más que ver con los sentimientos que con la objetividad. Yo me aficioné al baloncesto, en gran medida, gracias a Larry Bird, y por eso he sido siempre de los Celtics (es curioso, porque también soy de los Red Sox de Boston de béisbol, aunque nunca he estado en Boston) y Bird sería el jugador al que me hubiese gustado parecerme en caso de jugar bien al baloncesto (cosa que, por cierto, no ocurre, pues no tengo ningún tipo de talento para este deporte). Así pues, el corazón me dice que Bird es el más grande, pero la razón se lo discute y señala al gran Michael Jordan, sin duda el jugador más espectacular que he visto en mi vida.
Magnífico artículo, Via, ilustrado con unos vídeos muy adecuados!!!
La vida de Thompson suscita un montón de historias paralelas. Por ejemplo, la progresiva incorporación de los jugadores negros a los institutos y las universidades en aquellos años. El cambio de mentalidad que se operó en algunos colleges, situando la victoria como objetivo antes que la educación; y los escándalos relacionados con el reclutamiento que eso trajo consigo. La aportación que la fusión con la ABA supuso para la NBA, en forma de un modo diferente de concebir el juego: más libertario, más orientado al espéctaculo, más conectado con el baloncesto de la calle.
La decadencia de Thompson coincide con un período en la historia de la liga que estuvo a punto de herirla de muerte. Aquel circo lleno de drogas, alcohol y mujeres en que se estaba convirtiendo, fue redimido por tres personajes claves: David Stern en los despachos y el dúo Magic-Bird sobre la cancha.
Gran artículo, Vialegre. El que más me ha gustado de los que has escrito hasta ahora.
Edificar sobre lo construido y seguir deshaciendo la madeja y comprobar que los saltos temporales vienen precedidos por otros. La irrupción de Michael Jordan en el mundo del baloncesto, del baloncesto global, del baloncesto postmoderno, tiene los ecos del contrabajo de Thompson, sin duda. Nos queda demasiado lejos su nombre y es que de alguna manera, los setenta en Iberia siguen siendo en blanco y negro, en ocasiones monopolizados por unos pocos con una versión lineal de la historia, y por tanto, necesitan de un ejercicio de arqueología colectiva para rescatar las columnas, frontispicios y tejados derruidos por la efervescencia y obscenidad de los ochenta: el color púrpura y verde, el vértigo de sus jugadas y poses nos cegó cualquier intento de repensar aquéllos orígenes. Ahora más pausados, metidos de lleno en la intrahistoria y en la cabeza de la locomotora de los que miran al aro en lugar del suelo, la recuperación de los predecesores de nuestra memoria debería ser objeto de análisis.
Si hubiera que seguir buscando a modo de hilo indeterminado de Ariadna los orígenes de lo que tenemos, de lo que somos y pensamos, deberíamos plantearnos a estas alturas otro doble mortal, ¿quién fue el referente de Thompson? Al fin y al cabo, esto es una escuela de calor, y sigue ardiendo la calle virtual esperando a que caiga la noche, y sigue haciendo falta VALOR.
La verdadera pasión por algo aleja al maniqueismo de cualquier análisis. Que no nos engañen, lo contrario no es cierto.
Enhorabuena vialegre.
Slumdar y Antonusa:
Así es, deporte y emoción. Dos caras de una misma moneda. La irresistible pasión por un juego...prendida por sus protagonistas. En mi caso, Magic Johnson, especialmente, y Larry Bird, ambos por concepción del juego y, admitámoslo también, coincidencia temporal en mi captación como aficionado. Gracias.
Docass:
Cierto, escribir sobre Thompson me suscitó la posibilidad de varios enfoques diferentes, tal y como tú los has detallado. Al final lo centré en la humanización de los héroes...cuando aún no lo son, pero dejé algún cabo suelto para el que quiera investigar sobre algunos otros, como el asunto ABA, el origen de la nueva concepción juego-espectáculo o el abuso de determinadas sustancias y estilo de vida en una época en la que la decadencia de la liga profesional americana era patente.
Celebro que te haya gustado. Sé que eres muy exigente
Jballard:
Tirar del hilo es un ejercicio de gratitud tanto a los que nos sugestionaron de niños como aficionados, como a los que sirvieron de modelo a las futuras estrellas. El sedimento de generaciones, escuelas, genios y divulgadores cristaliza en el presente. Pero eso no es excusa para no tener inquietud por rebuscar entre los retazos del pasado y rescatar a esos gigantes (anónimos en muchos casos), como hizo Newton refiriéndose a Kepler o Galileo (sin ir más lejos) en un ejercicio inusualmente humilde. Como se dijo en su momento, David Thompson fue Michael Jordan, antes de que Michael Jordan fuera Michael Jordan. Un poco exagerado, pero al menos da una idea de lo que representó en su momento. Gracias.
A todos:
Un abrazo.
Me encanta leer este tipo de post. Nos retrotraen a tiempos que apenas conocemos y que, efectivamente, suponen el germen de lo que tanto nos apasiona.
Aún admitiendo que el paso de los años me ha hecho mucho más escéptico y he dejado de creer en mitos deportivos o, mejor dicho, en la perfección de su lado humano, de pequeño y adolescente siempre idolatré al gran Michael Jordan.
Al igual que Slum y la razón de Antonusa, considero que es el mejor jugador de la historia del baloncesto, un ligero peldaño por encima de Bird y Magic, con quienes si coincidió momentáneamente. Nos queda lejos Wilt Chamberlain para comparar, pero la superioridad física de este último frente a sus rivales supuso una notable ventaja que MJ no tuvo.
Pues admirando tanto la figura deportiva de Air, desconocía que uno de sus referentes, si no el que más, fue David Thompson. De hecho, el Thompson que más me sonaba era Mychal, aquel que jugó y ganó unos cuantos anillos de la mano de Magic y que terminó en Italia.
Gracias Vialegre, por un post tan bien documentado y por ofrecerme un nuevo entretenemiento: localizar y leer "For the love of the game", otra tarea pendiente más.
Un abrazo.
Primero, felicitar a Via por su gran artículo, da gusto leerte y conocer aspectos poco conocidos de la mejor Liga del mundo.
Yo empecé a jugar al basket con 14 años, allá por 1976, y desde entonces a hoy en día ha habido grandísimos jugadores.
Como no mitifico a nadie, puedo estar de acuerdo en que Jordan ha sido el más grande que yo haya conocido y visto, en la tele por supuesto.
Pero por mi forma de jugar siempre he sido más de Julius Erving, esos mates que has enlazado del concurso y que no había visto nunca, han sido copiados en múltiples ocasiones por jugadores contemporáneos y posteriores a Dr.J.
El de los dos balones, el del columpio con una mano (es trampa, es muy fácil), y el último del rectificado, los haciamos como entretenimiento en los entrenamientos junto a las entradas tipo Delibasic, y no sabeis lo que ganabamos en coordinación.
En fin, he vuelto a mi época de putojunior y he disfrutado como un enano.
Playing:
Celebro que te haya gustado. Sabía que Jordan era tu jugador preferido. Respecto al libro, me parece que no es muy fácil de encontrar, porque creo que ya no se edita y que en España no se vendió ni se tradujo. Yo sólo he leído extractos de aquí y de allá en internet. Aquí tienes un enlace de un antiguo vendedor que contiene algunas fotos que, según parece, son lo mejor:
http://articulo.mercadolibre.com.mx/MLM-37220924-libro-del-michael-jordan-for-the-love-of-the-game-_JM
Gwendi:
Tu punto de vista siempre me interesa, porque aportas algo que de lo que carezco. Experiencia práctica. Julius Erving fue absolutamente sensacional y desde luego fue un gran inspirador para toda una generación de jugadores, con su forma espectacular de expresarse en una cancha y su elegante estilo. Un grande, sin duda.
Un abrazo a los dos.